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Historia del Criadero

Hace 30 años que estoy involucrada muy de cerca con los animales. A tal punto que a los 18 años comencé a estudiar Veterinaria en la UBA y me contacté con diferentes veterinarios que supieron enseñarme el manejo de una clínica con todo lo que ello implica. Y por 10 años, mi actividad estuvo dividida entre la facultad y la clínica.

Queriendo darle un vuelco a mi vida, estudié la posibilidad de criar perros. Leí sobre diferentes razas y me contacté con gente criadora para tomar su experiencia y decidir en base a su historia, cuál era la mejor forma de encarar ésta nueva y fascinante tarea de criar perros. Me inscribí en el curso de Cinología en la Federación Cinológica Argentina (FCA) y ahí confirmé que para ser un criador con todas las letras, había que estar preparado. Así que, puse manos a la obra y me contacté con Maestros dispuestos a compartir sus experiencias, porque en definitiva aquí no hay competidores sino gente que cría con el mismo amor y la misma pasión que uno por hacer aportes a la raza y nos enorgullecemos al ver un excelente ejemplar en pista y dejando excelente descendencia.

Así fue como, me aventuré un domingo a ver por primera vez una exposición especializada coordinada por la FCA. Allí, conocí a dos grandes criadores, Héctor y Enrique. Ellos me enseñaron a amar a sus razas y con sus líneas de sangre me inicié en éste nuevo mundo de cruzas y cría de Chihuahuas y Pomeranias. Cruzar para criar un ejemplar que se ajuste lo más posible al estándar de la raza es tarea difícil. El ejemplar perfecto no existe pero todos los que criamos para mejorar la raza, lo buscamos y esperamos con mucha ilusión cruza tras cruza. Es imperativo saber que la belleza es superficial. Por eso, se debe combinar el estudio de la genética y forma de cría de los ancestros de cada perro para hacer las mejores cruzas. Y en éste eterno proceso me encuentro hoy porque…



el perro soñado, es soñado…

pero yo lo seguiré buscando…
Mónica Vicente.