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El Afgano |
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Unos 3000 años antes de Cristo, cuando estaban en guerra los reinados del norte y sur de Egipto, hasta formar la primera dinastía, ya se sabía de la existencia de un sabueso del tipo fino del afgano que estaba descrito en papiros y cuya figura podía verse registrada en los jeroglíficos de las paredes de las pirámides en el Valle de los Reyes.
Historiadores arqueológicos estiman que esta raza ha existido desde hace 7000 años, siendo el centro de su origen la zona circundante a la Montaña de Moisés, en la península de Sinaí. También hay teorías históricas que sostienen la aparición simultánea del mismo tipo de perro en el continente asiático. En Afganistán, el perro con cara de mono, como generalmente se lo denomina, fue elegido para acompañar a Noé en su arca durante el diluvio universal. También sostienen que las imágenes de perros grabadas en las murallas de las provincias del norte de los Balcanes corresponden a esta raza; de ahí que también se lo ha llamado sabueso balcánico.
La correcta interpretación de estas oscuras y remotas leyendas y las conjeturas sobre el Afgano que figuran en el Nuevo Testamento de la Biblia, siempre quedará abierta a la argumentación de opiniones personales y es generalmente motivo de acaloradas discusiones en reuniones de afganeros y mucho mas aún cuando polemizan con aficionados a otras razas que compiten en antigüedad.
En la antigüedad, la aplicación que se encontró al Afgano en los distintos pueblos no siempre era la misma como tampoco lo era el modo de vida que llevaban. En Egipto, dónde solamente los toros brabahm y los gatos eran reverenciados, esta raza canina conquistó el aprecio de los reyes, de quienes se convirtió en compañero.
También jugó papel significativo en la mitología egipcia. La leyenda dice que este perro guiaba a Isis, diosa de la fertilidad y la maternidad, en la búsqueda de su esposo, el rey Osiris, que fue brutalmente muerto y arrogado al Nilo por su hermano.
En Afganistán era un cazador. La caza era el pasatiempo favorito de la gente de ese lugar. Los ricos, montando maravillosos caballos y equipados con estos perros y armas apropiadas, cazaban puramente por deporte.
Para este fin contaban con la excelente vista del afgano que le permite detectar a considerable distancia a su presa, superando así la propia eficiencia de su olfato.
Generalmente los afganos cazaban en pareja: un macho y una hembra. Esta, al ser más pequeña, elegía su presa saltando y ladrando para distraerla, quedando el macho agazapado en espera de la oportunidad para arrojarse sobre su garganta de la cual se prenderá hasta romperle el cuello. Su velocidad y poder, les permite cazar gacelas, leopardos de nieve, lobos, hienas y otros animales similares.
Así como se fue expandiendo por las fronteras, el afgano se difundió en el continente africano. Los nativos de África los utilizaban para la caza de leopardos del este del continente, empleándolos en parejas de machos pues era necesaria mayor fortaleza para luchar contra este tipo de presa. Los leopardos buscaban refugio en las copas de los árboles, para los afganos los aterrorizaban con sus ladridos y ellos se arrojaban a tierra para escapar. Así comenzaba la persecución hasta darles alcance y entablar lucha en algún claro, siendo el ataque al cuello de la víctima el infalible método de estos perros.
La historia de gran cazador del afgano, que se extendió por siglos, encuentra su punto final cuando la raza ingresa en Europa y América, dónde los criadores y aficionados cambiaron radicalmente su estilo y forma de vida. De ahí en mas pasarían a ser perros de compañía o de exposición.
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Quienes poseen un Afgano habrán debido enfrentarse más de una vez a preguntas como: ¿Estos perros no son muy inteligentes, verdad? Y en algunas ocasiones se habrán sorprendido ante afirmaciones mas directas que tildan al afgano de estúpido. Cualquiera que haya tenido o tenga un perro de esta raza sape muy bien que ambos conceptos carecen de veracidad. Los que así opinan confunden estupidez con indiferencia. El afgano es un perfecto simulador que prefiere pasar por tonto mientras vigila sin perder detalles las actitudes de los extraños. Cuando los afganos fueron introducidos en Europa mostraba una agresividad que se continuó por años en sus líneas de sangre, pero el efectivo trabajo de selección realizado por los criadores logró la eliminación de esa característica no deseable, permitiendo de este modo la rápida popularización de la raza. En realidad se puede considerar que fue rehecha en lo temperamental y muy perfeccionada en lo físico. Sin embargo, podemos encontrar ejemplares que, aún hoy, muestran un carácter muy fuerte y bravura lindante con la agresividad, pero esto sucede en cualquier raza y debe considerarse como excepción. El Afgano es actualmente de temperamento apacible y muy estable, excelente con los niños de cualquier edad y adaptable tanto a la ciudad como al campo. Puede pasar largas horas caminando o echado en un sillón. Si encontramos un Afgano malo, no dudemos un segundo; la culpa es de su dueño. Deficiente educación, malos tratos o escasos cuidados, pueden ser causas suficientes para que un perro se desvíe de su comportamiento normal. Que el Afgano se adapte a cualquier forma de vida no significa que debamos someterlo a la tortura de permanecer encerrado en un departamento de por vida. Él necesita expansión y no debemos privarlo de correrías en lugares abiertos y frecuentes caminatas que tanto le agradan.
Pero tampoco exageremos. Un par de paseos diarios y alguno más extenso el fin de semana son suficientes. No es conveniente obligarlo a largas carreras acompañando una bicicleta o un automóvil, que no siempre el animal desea realizar ni le es absolutamente necesario. Cierto es que su historia lo menciona como un gran corredor de largas extensiones pero en el desierto o montañas y no sobre el pavimento de las grandes ciudades.
Otra característica muy particular del afgano es el aroma de su cuerpo. Un perfume permanente con reminiscencias de sándalo e incienso cuyo origen no ha podido ser científicamente explicado, le dan un toque adicional de distinción que ninguna otra raza canina posee.
Algo más; es excelente compañero de viaje. Se estira sobre un asiento del automóvil y allí queda quieto al punto de no percibirse su presencia, o bien se sentará y observará el paisaje por la ventanilla sin producir molestia alguna. Eso si, si decide detenerse cerca de una casa de comidas no le deje la ventanilla muy abierta, pues su instinto puede inducirlo a procurarse ilícitamente sobre algún alimento y usted tal vez se vería en problemitas. |
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